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Del amor y los perros por Ricardo Estecha está bajo una licencia

martes, 30 de abril de 2013

¡Qué Guapa iba la Novia!


Quizá sea una cuestión de pedante esnobismo o una pretendida pero honesta voluntad de querer hacer las cosas bien, o tal vez se trate de una moda pasajera propia de los tiempos en que nos movemos donde la publicidad lo ocupa todo o casi todo y cuyo empeño no es otro que el de llanamente venderte la burra… Pero el caso es que, hoy por hoy, no hay una sola exposición (que se precie) que no vaya acompañada del consabido catálogo de presentación donde se describe de manera más o menos acertada, más o menos farragosa, el virtuosismo intelectual de las profundas y sesudas intenciones de lo que el autor nos propone, en un despliegue muchas veces inquietante (por intelectualizado y hermético) de las más pura y pegajosa metafísica de salón.

Se diría que una obra no adquiere la dignidad merecida hasta que no es analizada y floreada (manoseada) por la pluma infalible del entendido de turno, lo que se traduce la mayoría de las veces, invariablemente, en un discurso de lenguaje pomposo que en ocasiones requeriría de un glosario a fin de interpretar el ladrillazo que te están endiñando.

Alguien dijo en una ocasión que una obra cuanto menos explicaciones necesite mejor, y con razón. De hecho, es lógico recelar de manera natural (al menos en mi caso) de la obra que viene acompañada de libro de instrucciones, donde la parrafada transciende holgadamente los límites de la propia obra, y si me apuran, los límites del propio autor, abrumado sin duda ante la perspectiva de descubrir en su trabajo vueltas, pasadizos y recovecos que ni él mismo habría imaginado… ¿O sí?

Lo que considero que debería clasificarse como nuevo género literario, el catálogo de exposición vendría a ser, por su función y ornamento, la herramienta imprescindible para elevar la creación artística al Altar de las Musas; algo así como el traje de la novia que realza aún más si cabe la belleza de quien lo porta…

¡Qué guapa iba la novia!

 

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